No te apresures en tu espíritu a enojarte, Porque la ira descansa en el seno de los necios. 

Eclesiastés 7: 9

La ira por definición es una emoción negativa.  Si permitimos que prospere en nuestro espíritu, nos traerá mucho daño a nosotros y a nuestro círculo de influencia.  El nivel y el momento de la ira pueden convertir una posible emoción justificada en un comportamiento pecaminoso. Un episodio de ira incontrolable puede causar  la ruina de muchas personas e incluso su libertad personal. Muchos de los que permiten que su ira se salga de control terminan arrepintiéndose. Sabiendo que no valió la pena las horribles consecuencias.

La Biblia habla de la ira santa de Dios.   Es importante reconocer que la ira santa de  Dios está llena de justicia y omnisciencia. Él lo sabe todo, nada puede tomarlo por sorpresa.  Por lo tanto, ¿cómo manejamos nuestra propia ira, incluso cuando sentimos que es justificable? Por otro lado, a veces permitimos que la ira se filtre en nosotros sin conocer totalmente cada circunstancia.  Además, muchas veces nos enojamos fácilmente con una gran brecha de falta de información. El resultado es que terminamos descansando la ira en el seno de necedad.

La ira tiene sus inquilinos. No son las mejores emociones.  Pero ahora ustedes mismos deben dejar todo estas cosas: ira, malicia, blasfemia, lenguaje sucio de su boca (Colosenses 3: 8). También debemos reconocer que la Biblia no nos prohíbe la ira.  Nos exhorta a manejarla. Según Efesios 4:26 dice: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. La ira por definición es una emoción negativa. Si permitimos que se apodere en nuestro espíritu, nos traerá mucho daño a nosotros y a nuestro círculo de influencia.  El nivel y el momento de la ira pueden convertir una posible emoción justificada en un comportamiento pecaminoso. Un episodio de ira incontrolable ha causado la ruina de muchas personas e incluso su libertad personal.

Como seguidores de Cristo, es importante que revisemos nuestros problemas de ira.  A veces la ira se esconde en nosotros disfrazados de agresión pasiva. Por ejemplo, supongamos que está enojado con alguien cercano a usted puede ser sus padres, su cónyuge o un  hijo. De alguna manera Ud. no esta cumpliendo sus expectativas o ellos no están cumpliendo las suyas. Con el transcurso del tiempo, el problema permanece sin control en su corazón.  Dejar que las burbujas de carbono de la ira pasiva se acumulen en su sistema. Permite que se forme un volcán dentro y antes de que se den cuenta, ¡golpea! Explota, incontrolablemente dejando salir magma del alma herida.  Para evitar ese episodio, aprenda a filtrar la ira en oración y ventilación. Deje que el Espíritu Santo defina su emoción. Pregúntele a Él por la justicia de tu ira. Mantenga el control de las palabras ofensivas con las que tiene problemas pendientes, evite el nunca, el siempre, y es qué tú.

Salga de una situación acalorada hasta que se enfríe y se asiente.  La ira no deber ser su dueña. Aprenda a bloquearla con todo su corazón.  Especialmente, reconoce que se lleva mucho tiempo construir relaciones duraderas, pero un estallido de ira incontrolable puede destruir las relaciones piadosas.  Entonces la ira tiene su lugar y su tiempo. Deberíamos enojarnos por los eventos injustos o el comportamiento feo de los demás. Pero debemos tomarlo en perspectiva y concluir con la emoción lo más rápido posible, la puesta del sol es un excelente cronometro y la ayuda indispensable de la dulzura del Espíritu Santo. 

Por el Pastor Jorge Cardenas