Ahora que el Dios de paz que resucitó a nuestro Señor Jesús de entre los muertos, ese gran Pastor de las ovejas, a través de la sangre del pacto eterno, hacerte completo en toda buena obra para hacer su voluntad, trabajando en ti lo que es agradable a su vista, a través de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.  Amén.

Hebreos 13: 20-21

Ya sea que nos demos cuenta o no, Dios está trabajando en nosotros.  Sus tiernas misericordias nos tocan en cada momento de nuestra vida. Dios usa la metáfora del papel de un pastor y su rebaño.  De todos los animales en el reino, se nos describe en las Escrituras como ovejas. Una bestia muy vulnerable que depende de un pastor para su sustento.  Por naturaleza, las ovejas son tiernas y necesitan cuidados y orientación constante. Pueden distraerse y asustarse fácilmente.

Confían absolutamente en el pastor para llevarlos a pastos frescos para mantenerse.  Además, deben ser refrescados y guiados por corrientes de agua para soportar las rutinas diarias.  Su supervivencia depende directamente de su relación con el pastor. Jesús se declaró a sí mismo como el buen Pastor que da su vida por el rebaño, y así lo hizo.  También se describió a sí mismo como la Puerta del rebaño. Este era un papel importante del pastor para proteger a las ovejas de los depredadores feroces. Después de llevar al rebaño al redil, el pastor se acostaba durante la noche en medio de a la entrada, como una puerta,  para proteger a sus ovejas de los intrusos.

Salmos 23 es la descripción perfecta de cómo el Buen Pastor cuida de nosotros, sus ovejas.  De hecho, este es un poema muy personal que hace referencia a cada necesidad que tenemos y cómo Jesús nos brinda su gracia amorosa y afectuosa.  Sí tiene necesidades especiales en este momento, pregunte y confíe en su Pastor. Él te proveerá según su riqueza y gloria. Él te protegerá de todo mal, y prometió estar contigo sin importar las circunstancias.  Su cuidado curativo lo aliviará de la ansiedad y de cualquier herida. Él es tu buen pastor amoroso y lleno de gracia.

Por el pastor Jorge Cardenas