Porque las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios por derribar fortalezas, .

2 Corintios 10: 4

Después de 400 años de esclavitud, la nación de Israel rompe las cadenas de la opresión egipcia y avanza con libertad hacia la tierra prometida.  Una vez que cruzaron el Mar Rojo, se encontraron con un desierto y, debido a su rebelión, fueron sometidos a vivir en el desierto por otros 40 años.  En consecuencia, muere su líder Moisés y comienza un nuevo liderazgo bajo la fidelidad de Josué. Finalmente, pusieron sus pies en la tierra prometida justo después de cruzar el Jordán de una manera milagrosa.

Todo parece estar a su favor.  Estaban ansiosos y listos para conquistar esta hermosa tierra que fluye leche y miel.  Todo parecía ser una elección fácil. Cuando cruzaron el Jordán para alcanzar su premio, se encontraron con un obstáculo impresionante.  No era otro que Jericó, la ciudad más antigua del mundo. Era la fortaleza de los Cananeos. Fue el primer puesto militar conocido por el hombre.  De hecho, las ruinas de esta ciudad demuestran la primera vez que el hombre usó torres fuertes para detectar enemigos en el horizonte. Era imposible penetrarla con la tecnología de aquellos días.  Nadie se atreverá a desafiar una fortaleza tan formidable.

Para los israelitas, Jericó parecía un gran revés en su búsqueda de la nueva tierra.  No tenían más opción que enfrentarlo. Ningún territorio podría ser conquistado sin destruir primero a Jericó.  El pueblo de Dios no tenía las armas y la mano de obra para superar este desafío. No tuvieron más remedio que buscar a Dios bajo el liderazgo de Josué.  Dios les dio instrucciones específicas con estrategias a seguir que implicaban ciertas rutinas. Tenían que confiar en Dios y obedecer su dirección. Lo hicieron, y la fortaleza fue destruida.

Cada seguidor de Cristo se encuentra con su Jericó a medida que avanzan en su vida cristiana.  Cuando Dios nos presenta nuevos territorios para conquistar, aparece una fortaleza como Jericó.  Algunos fingen y lo tratan de ignorar. Algunos esperan evitarlo. Algunos se retiran al desierto.  Pero los fieles que confían en Dios con todo su corazón son quienes vencen a su Jericó en el horizonte de la vida.  El primer paso es identificar y confiar en Dios con sus instrucciones para conquistar territorio bajo la guía de nuestro general Jesucristo.  Escuchar y obedecer su palabra es lo que nos hace derribar fortalezas.

Jericó está lleno de dioses falsos.  La superación de cada fortaleza requiere la verdad.  Si quieres conquistar territorio para la gloria de Dios y tu avance personal en su Reino, debes derribar tu fortaleza repleta de dioses falsos.  Superar esas emociones que paralizan el potencial como el temor, la ira, la amargura, la baja autoestima, las adicciones, el comportamiento egocéntrico y todos los aspectos de los deseos carnales.  También debemos darnos cuenta de que detrás de cada fortaleza hay maldad. El poder de la oscuridad es contrario a tu alma; sin embargo, es conquistado con la espada del Espíritu. Hoy es tu día para enfrentar a tu Jericó y destruirlo por el poder del Espíritu Santo.

Por el Pastor Jorge Cardenas